viernes, 22 de abril de 2011

Semillas (Sintesis), Miguel Romaguera


Semillas (Sintesis)

 Miguel Romaguera crea sutiles, leves melodías para un poemario con el que abrió el ciclo de sus publicaciones en 1977 bajo el título de Sintesis (con esa casi inapreciable falta de tilde esdrújula que ya señalé en un reseña a su obra pautando la levedad de sus notas musicales en la partitura del silencio significativo). El autor, en su regreso al origen real, no el que los sentidos se han estado empeñando toda una vida en marcar, sino el que el mundo inaprehensible a ellos va trazando a pesar del ego, del personaje en tierra: su ‘alma mundi’ le lleva de vuelta al origen límpido, al silencio inocente del que partió para crear una vez más desde ese origen con una nueva mirada, más depurada si cabe.
  La comunión con la naturaleza, ritual en que toda voz y toda imagen desaparece, permite al poeta conectar con el Ser sin que fragmento alguno lo escinda de nuevo. Ese momento en el que el tiempo deja de percibirse y uno deja de estar para sentir la totalidad, ese vaciamiento que es la verdadera conexión con todo, es la fuente de energía originaria de donde todo, en el asombro del yo, surge. Es de ahí, de ese estado ascético, de donde Miguel Romaguera parte y adonde quiere regresar, agradecido, con sus palabras a sabiendas de que estas no pueden ser sino sombras, lo más pulidas y relucientes, de aquella luz. Por ello, los silencios y los espacios en blanco son prominentemente significativos en su poesía.

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