lunes, 12 de enero de 2026

Marcus Zuerius van Boxhorn, Gaston-Laurent Coeurdoux, sir William Jones en cascada SIN FONÍA (de los avatares)

soy algo, mi haber se percata de los siglos visitados de continente en continente, de su inoxidable erudición, de quién o qué excitó mis sentidos, súbito o seminal añadiendo saberes que florecerían más tarde, ese fuego lingüístico del que no soy dueño. Pasó la vida con su misión transformadora entre los clamores filológicos, su diccionario de sincronicidades, su memoria cosmológica que pretende demostrar nada negando la doble negación, tan afirmativa. Soy su idioma

mi cementerio de lenguas es una calle de antaño, un parque camposanto del mundo, tan ubicuo. Acoge mis restos con una certeza ya ejercitada, los hijos de ancestrales escritos tan llenos de mágica ciencia

es el ser también miembro de una realeza otorgada, un aura de infinito potencial y su difusión. Es discurso en permanente onda, y hablan los troncos del jardín con los pájaros, con los gérmenes de mi lengua, toda una disciplina evolutiva que va perfeccionando sus gramáticas, comparando, personándose si hace falta 

tengo algún sector espiritual filologando su propio mérito, en alguna de mis tumbas me representa, llega a alzar monolitos aquí y allá, difunde ideas como gérmenes lingüísticos, mi pobre lengua

se hacen concepto mis realidades, demasiado estricto a veces, elige mi lengua una etnia y la paladea, el sabor de siglos rastreando su protohistoria, sus más primitivos dones, sus errores con más carácter. Uno creencias en juego de antecedentes y posteridades por saber lo que debo hacer, un renacer entre montañas y mares, una fusión dialectal de milenios antes de la historia. Y en oleadas me expando entre los puntos cardinales

se me han estirado los libros labrando reputaciones, ampliando mis propios ensayos vitales, disertando literarios sobre mi propia lengua, mi pobre gramática experiencial. Me han traducido el movimiento de las perlas orientales, me han convertido en mundo

nuestras semejanzas son una catarata y sus innumerables columnas de agua, sólida erudición a nuestra biológica curiosidad, lo antecedente y lo posterior, nuestra filología original. Nos aporta la debida intensidad de nuestros ensayos, nuestras lenguas que recogen y exponen, el común de nuestras apariencias. Conectan nuestras formas con sus precisas deducciones desde la misma raíz: habla, lengua, lenguaje, lenguajes...cuerdas

sopeso cada ingreso vital con limitado juicio, trato de templar cada pulgada emocional sin dejar de abogar por ella, libero su circuito de categorías por encima de cualquier juez interno, y tomo parte de mi error-solución, ese constante contencioso con mi percepción capaz de revolucionarme. Llego a simpatizar con la aparente paradoja al hallar posibles causas, supuestos a los que habré de renunciar

entre textos antiguos devengo magistrado, poeta, geógrafo, botánico, me suman eriales de saber, aprendizajes que ejercen su influencia en mis románticas mareas vitales, maneras de dominio del asombroso Yo en la dosis justa. Y sin embargo no suman conocimiento

progresan los hechos con sus más problemáticas ideas, te conceden los años más sediciosos principios de autogobierno en el constante diálogo Yo-Ello, una escolaridad que amablemente te apacigua. Y marchan a su corte de gracias que tanto te fascina, ese país del olvido donde tanto cuesta despertar

tiene su cosa civilizarte, degustar culturas desconocidas en su propio ámbito o en el tuyo, académicas o no, refundarte entre las sucesivas citas, rebautizarte diverso entre las formas actualizadas. Paso revista a mis elecciones manteniendo la muerte como vía de conocimiento, investigo las aparentes menudencias en mi haber 

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