me fascina la plata de tu frente, tu sien extraordinaria que no se degrada ni en la escasez de la pérdida, tu más común hábitat
tu plata es bosque de especies que se encuentran, montaña que me introduce lugares inhóspitos, el color de los géneros dispares, rostros y extremidades rojizas, pardas, una avicultura silvestre de amenazantes rarezas
interminable listado de individuos hacen de la cantidad broma, del tamaño fuente desproporcionada, me puebla la totalidad en una constante reproducción. Es el ahora especie inclasificable sin número
ya no te gusta exhibirte en el cortejo de los adornos, fulge tu cabeza plateada que a voluntad apagas, reduces a plumones la noche, en la justa proporción te camuflas de vuelta a tu nido. Tienes visión nocturna, detecta tu oído los movimientos invisibles, depredas fantasmas en la inmanencia, silencioso vuelo. Respiras ese cuerpo
hallo tu continente en cada punto cardinal sin preferencias, los límites de tu bosque abriendo sus rarezas, una inoportuna densidad
tu plata omnívora, seas granívora o frugívora, carnívora esparciendo tus semillas, vertebra mis estaciones
hago de mi plata al ave gregaria que vive mi suelo, que mira a su bandada con los ojos argénteos en su actividad diurna, busca los atardeceres plácidos, escapa del miedo nocturno. Siempre le silbo una melodía sencilla como inocente cortejo, ella me cacarea, incluso me gruñe
esta poliandría natural multiplica los significados, un apareamiento léxico sobrecogedor que parece no tener fin, toda una exhibición de atracciones y rechazos según las estaciones de mi espíritu, de la humedad a la sequía. Sigo al padre, sigo a la madre según giro la cabeza, les tiendo mis brazos hasta formar hermoso árbol, sube la savia hacia las estrellas, surgen otros árboles que se pierden de infinito. Me he sentado debajo. Como de sus frutos, pequeñas crías de ave corretean a mi alrededor. Me fascinan
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