martes, 19 de mayo de 2026

Dona Nobis Pacem 2. Richter

tengo mundos musicales donde aúllan los lobos, octavas lanzadas al tiempo extraídas de partituras salvajes. Componen ballets con regias coreografías en la casa de todos, te ofrecen evocaciones como libros que te impregnan. Y puedes oir las olas, su voz original

la casa de la memoria edita sus trabajos, adecúa lo clásico y lo contemporáneo desde tu soledad, experimenta incluso con nueva información tras explorar sin distingo realidad e imaginación, las secuelas de pistas ya trazadas, conflictos no resueltos. Trae el infante recuerdos que trata de combinar en una sinestesia total del ahora, los ambienta con las voces del día, y con lecturas antiguas. Hace poema sin necesidad de escribir, redescubre la maestría de viejas obras, las revive con neoclásicas interpretaciones, en ellas se relanza

tengo voces aulladoras proyectándose en mi entorno, se hacen visuales en inspiradas declaraciones vegetales, toda la orquesta del revés doblando los conceptos como dalinianos relojes, desarrollando los mundanos reflejos hasta su refracción. Me dejan consternado a veces con su cruda verdad, su impecable lectura. Adjuntan un mundo en constante migración, tan artística. Sus piezas se abren en un juego de equilibrios de cíclica fabricación

hay notas azules que me eligen de guardián entre los siglos, presentan sus octavas con riqueza creativa frente a la destrucción, medita el aire atribulado esa constante dualidad conmoviéndome con sus universales en la memoria del limo. Así que esas notas conmemoran, tienen aniversarios como lanzaderas de pensamiento, crean epifánicas pistas como líneas deductivas (algunos se ahogan en ellas), sonidos que describir entre los sueños interconectados, una exploración hasta sus abismos en forma de experiencia vital que la imaginación transpondrá, profunda naturaleza a la luz del día. Sabrás usar esas secuencias con científica ficción, llegarás a las más remotas islas de pensamiento en visionarios episodios

en mi exilio me angosto con los elixires del tiempo, colaboro con sus directrices en filarmónicos trabajos que a mí atañen, surgen fantasmales océanos, floreadas orillas donde embriagarse, resplandecen solares luces, una seria textura emocional

hay cantos primitivos como solitarias lanzaderas, textos exóticos que llegan hasta el hoy

piensa el Ello sus piezas que crujen en el roce, parecen protestar en su adaptación a las formas cambiantes, esa mecánica vital que nos arrastra, tan intensa, esa constante actualización de sentido que genera conflicto. Parece imparable, seguimos haciendo

duermo de sueño en sueño ambiciosas proyecciones sin fecha de caducidad, duermo la auditiva experiencia de las horas adaptándose al descanso nocturno, completo contenidos de vigilia, composiciones de indefinida durabilidad y sus variaciones. Lento, meloso, sintetizo con la eléctrica pulsión, interpretan las cuerdas voces contemporáneas al son de una gracia que me trasciende

tengo catedrales de tiempo donde se me da audiencia, soy recibido en noches invernales

algunas lanzaderas versionan horas que parecieron perdidas, proyecciones de sueños inacabados, contenidos que estiro a tema que ya titularé, supuestas experiencias auditivas

me describe el sueño la forma de mis cunas, su balanceo en forma de horas, mis lanzaderas en su más armónica sinfonía

toda composición interpreta el tiempo, encuentra la medianoche el punto culminante entre los hemisferios cerebrales, entre ciencia y música irradiándose sin contradicción alguna, sin romper algo en esa transmisión de vida, la larga cadena, la historia

realizan los sueños sus quehaceres removiendo el aire con total libertad, representaciones sin fechas con todo tipo de entidades en los lugares más insospechados, vuelan incluso cronómetros con asimétricos movimientos, hasta que el amanecer toca mis miembros

elijo sueños que reviso según su ambiente y su tempo, alargo versiones con elementos vitales: lobos que aúllan, por ejemplo 

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