lunes, 31 de marzo de 2025

A, por, desde Kim Thúy POÉTICAS

el siempre vuelve nunca, por amor, nunca volvió el siempre, por amor

era la eternidad mi dueña,
sin más por qué 
que la finita espera

se frotan las raíces sobre mi herida desdibujando cicatrices, 
la recién elijada especia 

nos pasa la noche midiendo
la longitud de mis deseos, volviendo mis huesos del revés, numerando los besos 
que cubren mi cuerpo de tiempo, una impaciencia que de mí se ríe como en un corro de niños

guarda el rencor extraños,
lugares foráneos que vienen 
con su nombres rimbombantes, 
la desconocida existencia de seres
impersonales en mi ausencia.
Se ha secado la lengua,
apelmazada en el contacto con esos interlocutores, obediente
a esa inversión de lo real.
Busca el cuerpo protección

era evidencia mi sentir,
los labios apoyándose en el hueco recién descubierto, reposando

daba un paso sin guía, 
una oculta corrección, un retiro 
de toda relación donde crecer, existir

sabía la nada de aquel hombre,
una súbita conversión en el centro de su universo sin centro 
ni universo

errores menudos jugaban
a las adivinanzas, 
a los significados menudos, 
se atreven con palabras resueltas que parecen abrir puertas 

me enseña la tierra
la pura inmediatez 
que todo conflicto evita, que respira conmigo en perpetuo fundido, 
mi diapasón

cáptanme los matices
entre palabras que se emparentan, distinguen la melancolía antigua,
su entre mis palmas. Parece planear como pictórica veladura que llega a condensar 
hasta el acero. Me adivinan en mi tanteo de la adecuada frecuencia,
la que me dicta la correcta percepción, o el error que perpetuo. Tienen la constancia de los días,
y aun me sorprenden 
en mi imperfección, mi dejar de ser,
mi virtud extraviada. Me retiran 
del insulto que mancilla la sangre, de la caída torpe 

hay silencios que comprenden tu auténtica sonoridad

me saca el alba 
mi más rociada fragancia, 
la preferencia dulce 
que entre árboles degusto, 
mi unión con la copa que se eleva 

aprende mi respiración 
en la profundidad necesaria

sortea la lengua sus atemporales cuentos con sus tiempos verbales,
dice un infinitivo del ahora,
un modo que olvida adverbios, una voz activa que resuena

me aprende la felicidad 
con múltiplos de mismidad, 
a sí misma se comparte 
en plural adaptación

y te oigo decir al cuadrado 
dejando sobre la mesa preguntas de abogado malicioso

enseña la tierra con voz baja, murmulla sus ponderadas recetas 
que te maridan con ella, vieja seducción de sus más exquitos platos. Esa culinaria transmisión te parecía magia, secreto truco de arcanos maestros, el ritmo de tu aprendizaje

se marchan los años con la esperanza de volver, una promesa que recordar 

trae el Tú poemáticas ofrendas, incluso el dolor que te escribe. Me tiendo en esa nube incolora hasta irisarla con tu conocimiento libre de deseo: se había hecho el silencio 

conseguí tu mano protectora tras la muerte, acepté mi ignorancia sin evitar las horas, la amorosa y curvilínea trayectoria

la vida me ofreciste, el sueño que puedo soñar con rebosante alma vacía de noches en blanco

cae mi maridaje como una primera vez cociendo lento mis semillas, secando lotos entre porciones de eternidad, forzando neuronas como hojas de un gran árbol, libros como bayas medicinales a cada época

enamorada soledad de toda era conocida, un esta de identidad irreconocible 

de tu mesa me beneficio cuidando su pródiga procedencia,  preparando platos de larga cocción, horas de fuego y cáscaras que abrir, de de las semillas de tierna pulpa que proteger. Retiro del tiempo el brote verde, su sabor amargo

ignora el Cuándo las causas fenecidas, libra el viento de sus impurezas, no provoca a la muerte

me haces descubrir lugares los días de horizonte, su respiración profunda, necesaria; repites mismidad con infinitos mensajes, y me hincas el diente como fruto evitándome la sensación extrema. Me sabes 

un instante de precisión donde el Siempre permanece, mis pies en el Nunca, una soledad enamorada 

aprendí a saludar el tiempo

halló el Nunca respuestas sin preguntas, ni un quizá por plantear

eso me llama entero, colma mi deseo, me concede la nada, impone su nombre, la vibración que te sacia

habla el tiempo, comenta sus Quizás entre estaciones, sus cambios sobre la mesa dispuesta, tal como somos nos acepta, aquí llega cuestionando el Nunca mientras disfrutamos sus manjares. Vuelve el Siempre, por amor 

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