viernes, 12 de agosto de 2011

LA FORTALEZA, de "Cine y Arquetipos. (Visionados)"


























Castle of Glass - Linkin Park

Cine y Arquetipos. (Visionados)

 El cine llamado antibelicista contiene en sí la misma contradicción que el colectivo humano genera entre la 'forma' de su mensaje y el 'significado' con que se le quiere dotar: si para estigmatizar la violencia se usan imágenes violentas no hago sino propagar lo mismo que denuncio (la cuestión es si los responsables de las telenoticias y la telebasura son conscientes o no de esto: creo que sí, el miedo genera dinero).
 Desde una reciente Salvad al soldado Ryan (Saving Private Ryan, Steven Spielberg, 1998) que mitifica el concepto de sacrificio, a una desconocida La Fortaleza (Castle Keep, Sidney Pollack, 1969), película que siendo un niño me impactó porque en el clímax de la supuestamente rechazada violencia la pantalla llegaba a ponerse en blanco precisamente por hacer de ella una estética. El paradigma cinematográfico de esta dinámica sería Sam Peckinpah (1925-1984). Recordad La Cruz de Hierro (Cross of Iron, 1977) por ser del mismo género.
 Un destacamento norteamericano---ya sabemos el rendimiento económico-cultural que los norteamericanos han sabido sacar a su papel 'liberador de la vieja Europa' en la 2ª Guerra Mundial, al igual que con su western propagaban míticamente el individualismo y la competencia salvaje propia de un sistema capitalista en expansión, todo un modelo socio-económico; que nadie se escandalice: Napoleón propagó la revolución burguesa con medios tecnológicamente primarios si comparamos; siempre fue así, recuérdese a Alejandro Magno y el Helenismo---, en plena Batalla de las Ardenas, llega a un hermoso castillo (Pollack eligió, 'significativamente', Neuschwanstein, fantasía romántica de Luis II de Baviera). Este, símbolo de la belleza, es decir, de la capacidad creativa del ser humano, de la armonía (arquitectónica tanto en edificio como en jardines), enclavado en un paraje natural idílico, edénico, con un rey/reina que, como en el cuento-mito tradicional, lo habita, conforma el arquetipo del origen: paraíso, paz, abundancia, armonía: la Belleza como disolución de lo dual, la imagen y semejanza de un dios creador, no demiúrgico, sin opuestos.
 Pues bien, ese castillo se irá convirtiendo con la llegada de los soldados en una fortaleza, como dice el título, para defenderse del 'enemigo': instauración, una vez más, de la escisión, de los opuestos (buenos: americanos/malos: alemanes; orden/armonía...), de los 'ángeles caídos' que sin saberlo pugnan por lo mismo (restauración del origen) desde 'formas' (en este caso ideologías) distintas, es decir, desde la inconsciencia y la irracionalidad, desde la ceguera---significativo nombre el del Mayor, Abraham Falconer, Burt Lancaster, significativo parche en el ojo como significativa continuación en el tuerto Sargento Rossi, Peter Falk, sin parche como luego veremos---y el ego colectivo, racial, que no se va mucho, como ya vimos, de los monos kubrickianos y su charca: poca evolución real a pesar del aparente cambio de las 'formas', en este caso, tecnológicas e ideológicas.
 Al menos, Castle Keep, a diferencia de Sam Peckinpah, destila unas gotitas de humor en el personaje de Peter Falk y su panadera, queriendo escapar de ese caos y restaurar la 'sensatez' edénica en la panadería y con su panadera: el pan como alimento básico, primordial, original de la especie humana, y el ojo de cristal sin parche a diferencia de su Mayor, como aquello de que el tuerto es el rey en el país de los ciegos (el dual Quijote/Sancho Panza sigue funcionando).
 No, el castillo-fortaleza acabará masacrado: cuando la pantalla, ante el cúmulo de tiros, explosiones y heroicos sacrificios se pone en blanco, ese universo llega a su fin. El Mayor, que ya se ha acostado con la 'Reina' del castillo ('alma mundi' virginal que en su caballo deambulaba libre por su paraíso), introduce pues, paralelamente, la brecha en aquella inmaculada unión idílica.
 De nuevo, lo que se esconde detrás es un pesimismo (Schopenhauer, Hobbes...) consustancial al ser humano: es este el que genera su propia autodestrucción y luego (se) culpa e inventa, conceptúa un dios al cual redirigir su ira, su frustración, su rencor, su dolor, inasumible, incomprensible, ante la propia obra.
 Tal como inicié este apartado de Castle Keep, la misma contradicción entre la 'forma' del mensaje y su 'significado' (el 'sentido' está en un nivel superior, requiere 'tiempo') conlleva en sí nuestra dualidad. No haría falta ni explicitarla con más imágenes. Si suprimiéramos ese 'juicio' (dual) quizás 'viéramos' que la naturaleza, sin ni siquiera nuestra presencia como especie, está llena de colisiones cósmicas, depredadores-víctimas-depredadores en un conjunto biotópico equilibrado, materia visible y materia oscura, etc, que redundan en un incesante proceso destructivo-creativo que hace que el universo se expanda sin necesidad de nuestra intervención o interferencia. Al igual que los dinosaurios, la naturaleza no tiene ningún problema moral-estético en que desaparezcamos como especie pues la vida-muerte-vida-muerte etc (=energía, ni positiva ni negativa) no depende de nuestro 'juicio', de nuestra 'conciencia'. Esta, ante el temor a la muerte (del Yo individual/Yo colectivo) pugna---bellamente---por escapar de ella "fabricando" lo que es innecesario para un cosmos infinitamente vivo (o ese dios al que le importa un carajo cualquier avatar individual/de especie pues desconoce el miedo y la idea de muerte, fabricación nuestra, es decir, la pérdida, la fractura, la enfermedad, el abandono y mucho menos el precio de la gasolina).
 Castle Keep es arquetipo de la paranoia humana, esa constante defensa ante el 'enemigo/opuesto' que ella misma genera para justificar su espanto ante los fríos mecanismos cósmicos, ese dios indiferente al que muy íntimamente rogamos, ateo o creyente en los momentos jodidos, no pase tanto de nuestro miedo...

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