jueves, 14 de julio de 2022

Downstream. Supertramp



me convertí en un sinónimo de mí mismo, un cristal rocoso embebido de exóticas fuentes, una caravana de sonidos de armónica apariencia estructurándose social, una coral de ajenas voces. Creí siempre guardar un comodín interno, seguía siendo colectivo, un antes talentoso entre individuos, un apenas circulando imagen entre los cerebros, un músico tramposo arrogándose creación, el lujo de llegar a ti sin ser reconocido, una función. Me estudias sobre este  escenario sin nombre más allá de la apariencia, una estrategia más, un tema novedoso, la gracia de superarte en una alquimia incontrolable, el crimen secular que creíste triunfo, un conocimiento inasequible. Emprendes colosales giros comprometiendo tu equilibrio, y puntual te retiras hacia la total presencia  

resuenan tus últimas palabras de neta ruptura componiendo lluvia, loco contraste a mis ojos,  hermético sentido mientras mis viejos zapatos se agrietan de melancólica música. Mostrabas, sutil anunciación, un abandono propiciatorio, el giro brusco. Emprendes soledades transitorias de mágica recuperación, de años entrecruzados grabándose perniciosos en tus memorias, hermanándose arquetípicos lazos con la dureza del pedernal. Y me presentas contenido nuevo,  impresiones originales cargadas de información. Coges ritmo, giras magistral sobre engrasados goznes, antológico emprendes, una vez más, mundo. Quedo,  testimonias el brillo fatuo de tu irremediable vanidad 

te inicia la vida hasta la Historia, toca tus desesperaciones hasta una lógica inflexible, imprevista te llama en la persona precisa, y vas descendiendo apasionado hasta la estrella oscura. Pruebas escapatorias, provisionales compartimentos estancos, eliges ídolos, instrumentas la juventud más cándida con grupal espíritu, belicoso, florido, perenne péndulo frutal, pesimista, optimista, concreto, abstracto, el gusanillo de vida. Y negocias el día contigo misma, los dos funcionando como pareja posicional, un torno de formas incongruentes de núcleo desconocido, adorado palmeral de brillantes dátiles sacudido por tu onda: caen los maduros. Y rescribes ese embargo emocional 

se graban los años con marca de uñas sobre la piel, pequeñas cruces de falso olvido que florecerán, un mar de seda líquida dándote su aria más hermosa, la luna llena que te brinda su pleamar, la hermana extraviada volviendo a casa. Posicionada pareja  en el punto exacto de no movimiento diversifica estilosa su mirar antes de entrecruzar los años, un triunfo de autoconocimiento. Bandadas asimétricas recorren el cielo en aparente desorden, y entre los infinitos haces del cosmos, desayunas. Me convirtí en un disco  extraído de esta lógica trascendente camino a casa, serpenteante, magnífica melodía de alfabeto desconocido, intuitivo, texto de insoluble análisis, extremófilo refinamiento vital sin  éxito asegurado, una trampa más en el giro interminable. La tensión es un sentimiento de roce, una inflación de rompedor espíritu. Creo verte en sagrado río siendo bañista y agua, la forma en que te miro la forma en que me miro sin más libertad que el ahora, el aire que respiras. Creo verte en el tiempo siendo objeto y flujo sin más liberación que mi soplo vital. Me das la mano. Y la sueltas. Escoges la imagen grácil tras llamar al testigo adecuado, y el río fluye. Se graban los años con agua de rosas sobre el lienzo inabarcable, y oscuro frío resuena tras la imagen, larga noche de extrañas presencias atestiguando tu miedo. Amanece. Se lleva el sol tu música 

mírame en el valle sin más cambio que mi ropa vieja, el indeleble sello de tu propio amor marchando como vino, la aceptación de aquel intercambio de frutos y ramajes, la generosa poda del esqueje superfluo, el intangible patrocinio de un ser atemporal. Entras el conocimiento que el tiempo descodificará con la forma que tu biológica intuición escoja, la dolorosa limitación de la inmensidad sentida. Mírale por el valle con raído pincel incapaz de contener la brutal energía mientras destrozado trovador canta su tragedia. Está salvando a una avispa que se ahogaba en la charca. Y se graban los años en epidérmicos ensayos recomponiendo el disco giratorio, apasionante estudio del Sí-mismo
como inmensa ilusión colectiva generando formas 

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