lunes, 11 de julio de 2022

Trimming the wicks. Charles Edward Wilson

fuiste pintor de rústicos encuentros que derramaban sus aguas entre nosotros como vivas acuarelas. Aún te exhibes social con tus manantiales de vida renaciendo arte  

trabaja incansable la energía de la hoja al pensamiento y allende, madera tosca, sublime deseo, inexacto vacío. Eres tierra extraña refinándose desde la creencia que al venir te lanceó, una forja de identidades a las que acogerse: se ha posado exógena un ave en el jardín. Y fabulas el sonido amortiguando su impacto, una munición de causas y efectos que proteja el orgullo de tus firmes razones, intocable identidad, monolítica personalidad o escaparate del control perfecto. Oblicuo rayo da un romántico reflejo por donde oculta lágrima se escapa, una grieta de autoengaño consentido, el desliz por donde sujeto y objeto se confunden. Arriba, un observador desconocido ve la escena con infinita compasión: río, lloro, se derrama el agua de un cántaro entre las estrellas, hay una niña llenándolo en la fuente, alma. Va variando tu aspecto según destellos, según te inspira aquella artesanía del alma, la extraña tierra mirándose en un espejo deforme, el verbo irredento calumniándose a sí mismo, un brillo oblicuo sobre el yunque en el que forjas voluntades, grueso germen que maleará tus buenas intenciones, tu época desdoblándose generacional sin remisión para ti. Por ese sol abducido jugueteas con el prójimo en una suerte de locura colectiva, amable, violenta, pasiva, activa, una epístola interminable de rumores, de agravios, de dolorosas redenciones. Hoy alzó el vuelo aquella rara ave de la ocasión sagrada. Y llueve en el jardín. Puede ser me vea en la justa proporción con los brazos extendidos tocando todo extremo con la yema de los siglos. Puede ser la noche se abra de eternidad y el tiempo sólo sea un pensamiento más. Construya la luz primera un balancín dorado con tu nombre 

ahí van don Quijote en su rocín, Estela Plateada surfeando en su tabla, Indra sobre magnífico elefante blanco de abundancia, y Hermes o Iris de pies alados patrullando tu celeste imaginario repitiendo patrón biológico, penando por un error perceptivo que busca fuera lo que está dentro, idolatrizando su propia proyección, arquetípico símil del indo-arabigo numérico patrón natural fibonacci mientras Leonardo el Pisano y don Nicolás Tesla cuentan con sus deditos ya mustios 3,6,9 (=9) el secreto código de este mundo colgando de un inmenso y vorticial árbol multiversal, oh Yggdrasil Yggdrasil, florida cruz o eje axial, nuestro pobre imaginario, tu poder, tu gloria, y tu misera, querido Sancho de oronda panza con dulce y paciente sonrisa recordándome que sé nada 

recoje un niño silvestre mora entre las zarzas, es hijo de las sendas: se ha clavado una espina 

una estela se artificia acuosa sobre académico papel, artístico paseo de hallazgos en paredes desconchadas, en andamios abandonados, museos mentales 

trabaja incansable tu luz la intensidad de cada emoción, el irisado de tus sentimientos variando tu concepto de belleza, la gracia de tu trazo verbal, rústico pintor, zoólogo apasionado a la captura de nueva especie, romántico reflejo del no tiempo sobre el tiempo de pulido tacto, inagotable energía inspiracional, suprema artesanía 

aún guerreáis con vuestros hijos, viejos dioses, aún yacéis con vuestras hijas entre las columnatas del poder ajado, aún odiáis vuestro efímero cuerpo incapaz de retener ni una sola prerrogativa, ni una sola moneda, ni un solo deseo. Me estudiáis incansables sondeando vuestros límites desde pedestales del miedo, y en un susurro me amáis 

no busca la gracia polémica, es en sí misma, tierra extraña refinándose ante ti con vegetal orfebrería, yunque infinito en el que forjas cada separación por encajar, todo el agua que artista derramas de cada guardería estelar 

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