se apega tu adictiva mente a la luz como voluble polilla rehusando toda oscuridad, y allí coincides en su elogio con entregadas miríadas de devotos capaces de matar por ella. Obras vívidas representaciones de tu pasión con todo lujo de detalles, una ciudad entera entregada a su personaje, torrentes verbales que adjudicar a un autor, un ídolo, una estatua metropolitana. Se sirven de nosotros como del frágil trigo amasándonos algorítmico, la harina de nuestras creencias como amoroso blanco
en series has cuarteado tu creación con literaria resiliencia, entre los poemas viajeros te reconocí biógrafo del cosmos, trabajosa proclamación de mi relatividad, tu desconcertante naturaleza (que llamas humana)
grupal me usas ubicándome entre tus neuronas prólogo a la confrontación que te reafirme, un mundo que se explaya en banales pensamientos señalando contrarios, una pugna de carencias, el precario valor de lo parcial, la ausencia de verdadera información, un teatro de marionetas dándose de palos, tiránico esperpento de sordos y ciegos haciéndose el tonto
fabricas motivos como obleas consagradas de absoluto, argumentos que se personifican, grupales vivencias atenuando la feroz cotidianidad de esa guerra sin agradecer esa oscura potencia generadora. Se enfocan las partículas en tu versión, que en brusco giro, aparente contradicción, se liberan. Alcanzan a veces tamaño de seta atómica tras aquel relato fragmentario
tus orígenes proyectados sobre el lienzo temporal: se fueron especializando cachito a cachito, académicos, populares, una anécdota más de tu creatividad, ancestral designio fabricando intelecto, representándolo como hitos con cada herramienta temporal, tu herencia. Te maravillas aún ante cada nueva forma de sumar
es tu cuarteamiento texto y textura en su búsqueda dimensional: eres su efecto también, el posible avance tras reconocer su opuesto aún si no consigues formularlo en número o palabra, aún si no hay absoluta comprensión, aún la caducidad de tu teoría inscrita debajo del latón. Dilucidarás tras dolor o éxtasis intelectual la amorosa cuestión
fuiste hijo enviado al estudio del cambio permanente, una estancia entre los polos, un aferrarse y soltarse a y de los péndulos colectivos, una respuesta siempre incompleta. Y regurgitas palabra, fórmula, lienzo, radical escultura, absurda instalación, el eco de una música inaudible, una sombra permanente que te azuza
apunta tu objetivo al párrafo serial, melancólica constitución de una artificial totalidad. Bajo el olivo del jardín adimensional te retiras descreyéndote de cualquier estado de la materia, mágico ejercicio de tu propia deconstrucción que semeja muerte: solo muere, por un instante, el ego, tu santo e inocente animal. Regresa Euclides al huerto brindando por la vida, se revigoriza mi cuento con nuevos personajes, acuden liberados pensamientos en forma de pájaro, de insecto, de reptil, de personas, de montañas, de un mar sensual que te embriaga de perfumes y sonidos. No hay historia. Sólo esencia
se ennegrece tu libro en narraciones pesarosas, pasajes reconvertidos explorando intelectos, trayectorias oblicuas al bienpensante, acalladas muertes
leías analíticas piezas de sublime construcción suscitando el ansia de conocimiento: había nada. Sigue el mundo esa tensión entre lo uno, suprema síntesis, la más sencilla simplificación, paz, orden, y la inacabable multiplicidad germinativa, caótica, dispersiva, retadora; y gira, y gira, y oscila el terrestre eje en un tiempo transespecie. Adquiere volumen el sentido atribuido, la observación acatada, una suerte de matemática teosofía. Y cuarteamos como niños con su rompecabezas. Son mis personajes sin contexto, admirables, deformables
quiso cada fragmento explicarme cada noción, y como niño le escucho hasta revelar su absoluta relatividad, cada teoría en un mar de infinitas gotas que aparecen y desaparecen, un libro de incansables palabras que se ennegrece, una saga exoplanetaria de millones de años atrás: tu inmortalidad
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