gana guerras tu saber, calcula la energía liberada tras el cambio en la masa de tu núcleo atómico más recóndito, los límites de tu luz. Y le llamas poder, compites
todo un sistema tradujiste desde el árbol de la vida al árbol del conocimiento, milenario trasvase entre culturas desde un punto decimal
no resuelve tu verdadera álgebra el aparente conflicto entre duales, eras de pavorosa destrucción y creación, de pánico emocional, el óptimo ángulo de tu trayectoria vital, la distancia que te separa de lo Otro, los grados de tu mirilla telescópica
en la inesperada gracia diurna lo sabes, deseas darle forma, compartir, la preciada cláusula de tu inocencia, tu álgebra hermosa horadando la oscuridad, aún sin entender
de los años tu interminable manuscrito trabando fracciones del ser, apenas decimal de tu probable extensión rellenando números
haces posible la existencia como matemática área de tus derechos, vas hilvanando espacio. E ideas puntos familiares, asumibles, arreglando caos
débitos me recetaste en aquella traducción numérica, nombres procedentes de sus ritmos
trabaste sistémicos escritos desde aquel trasvase de terrena sangre, siglos ahorrados al principio de evolución, un ritmo simplificado. Y me deslumbrabas con tan obvia sencillez
me dabas el poniente apoteósico sentándome astrónomo en una corte de estrellas, un reino de infinitud, emigrante me hiciste de mi propio Yo hacia orientes y dorados mares, hacia épocas ajenas cuyas ideas me arrollaban, maneras audaces y lujuriosas lecturas
en un desconocido me convertiste, una incógnita de la más equilibrada de las ecuaciones, la más hermosa álgebra
la gracia de ese movimiento tangencial tradujo nubes y mundos terminales, todo un corpus de sangres trasvasadas. Modos, reliquias ancestrales, contributivos saberes étnicos puestos a tu disposición. Y aquí me encuentras en el perpetuo asombro
trabas geometrías de calculadas formas, volúmenes por donde, pautada, la vida se te escapa, aquella área matemática desbordada
vuelvo a morir un día más dejando invisible hilo rojo como herencia, un cuarto lleno de bailarinas octavas que al renacer resuenan por el ello
mil excusas inventé para no amar, decimales de miedos absurdos y símbolos como muros y cámaras de vigilancia, el cálculo de mi separación; diseñaba máscaras protectoras. Creí que pensaba, y le llamaba existir, cotidiana complejidad tan sencillamente irresoluble
combinas intuiciones y aritmético paso, imágenes y símbolos como síntesis de efecto desconocido, libros contradictorios donde descubrir raíces, la ecuación del todo, unidad, método, cuadráticas proyecciones. Y no había fórmulas
te abandona el tiempo a veces en una suerte de parálisis neuronal, se enlazan los objetos hasta desaparecer tras la luz; x, y, z devienen desvaída regla en las hojas incendiadas, cada símbolo una partícula milagrosa que se esfuma
no me usan los números en sus devaneos, resulto ser sin idea propia, liberadora inverosimilitud que resuelve todo cálculo, desobturado desorden, un horizonte sin sucesos, sin proceso, sin caso lingüístico
"te quiero" me decías como raíz cuadrada que multiplicar, un significado ente de colisión humedeciendo las raíces del árbol de la vida, del conocimiento; x, y, z solucionándose a sí mismas en un lapso de eternidad

No hay comentarios:
Publicar un comentario