"y al volver conservar el secreto en tu poder" la antigua consideración del saber no enseñado, una virtud personificada en Metis o Atenea, tu esposa primera antes de la luz devorándote en el haber. Su consejo ganaste encarnándose en palacios suntuosos, parlanchines bustos surgiendo apolíneos entre los seres: plantas, alimañas, bestias, peñascos, humanos, una consideración misericordiosa con tu ciencia, tu arte, tu inspirado poema como vital odisea. Significa tu nombre unión de opuestos, tierra inspirada en pequeñas verdades curvándose con el arcoiris, curación constante de vegetales, animales oráculos sin más profecía que el ahora, consideración antigua donde te reconocías, un saber inmanente que el mundo pone a prueba, un sincretismo que de todo toma y bebe, una tradición subcutánea sin registro, aire
caen mis dientes como todo lo que creía saber, esta cultura de extraviadas etimologías, este saber técnico exponencial que deja atrás tu propia naturaleza despojándola de significados, esta inmadurez colectiva
literal filosofas saltándote el tiempo, perpetuo diálogo con las subpartículas que te impregnan en los límites de lo temporal, una república de lumínicas propuestas que no comprendes ideándote de nuevo, el aparente milagro de las coincidencias por las que estás ahora. Posees el valor de indefinirte como son de indeterminada causalidad, profunda manera de reconocer tu propia ignorancia
sabe tu desarrollo el desempeño de tu función, tu fungible papel en su concreta proporción de tiempo, una guía a lomos de tu corcel espacial ("Inuits que fuimos...") usando su información celular. Y enseñas lo que aprendes, y a cada paso aprendes lo que enseñas. Decías ver, pero te confundías con lo que creías ver, práctica pero perecedera inteligencia emocional
valoraba la antigua consideración, vieja Minerva, adorable Pallas, cualquier habilidad, tu castidad productiva. Aún te visita el pequeño búho en las noches de estío, y alza el vuelo en la oscuridad. Dos cometas le escoltan esta noche, un nacimiento más de entre las arrugas del tiempo
pisas frágil línea de conceptos seculares que una llamarada solar desdibuja, perdido tesoro. Te levantas con posesivo celo a roturar de nuevo tu tierra, tu nido caído. Viste "un camino recto hacia la luz" que ahora atiborrarás de letras y números, titánico esfuerzo de cada célula superviviente alimentándose de información como pan de cada día, amasando nuevos conceptos para conjuntos de renovada complejidad, enseñando lo que aprende hasta faltarle el oxígeno, desovando, una vez más, río arriba. Inspiras, expiras
eres también reflectante cristal cuya prudencia resulta ambigua a los ojos del no iniciado, molesta. Conviertes los puntos cardinales en giratoria rueda que contradice tu tiempo, un pie torcido, una pierna quebrada como signo de maestría, un peligro para cualquier sistema petrificado sin causa conocida, sin medida, sin forma: aspiras
No hay comentarios:
Publicar un comentario