tu proximidad dominguea en las condiciones apropiadas, similitudes que dan su parte meteorológico de las almas. Vuelves insular en esa desnudez que no regatea por las aguas. Recordamos entonces nuestros puertos de partida, los arrecifes visitados mar adentro, nuestros volcanes coronando nuestras isleñas grutas. No competíamos, celebrábamos
no tienen miramientos esos locuaces vientos, ni siquiera disputan, ni se ponen a prueba. Soplan sus nudos en todas direcciones animándote a participar
aplican las islas sus generalidades con alisio refuerzo, suben la temperatura de mis fumarolas con la presencia de una provocadora maresía que llega a romper la cresta de mis olas, dan igual los ojos que miren. Arrastran entonces mi polvo caduco que suspende sobre mi entorno tal calima neuronal, una suerte de siroco de ignota procedencia
celebran mis brazos a sotavento y a barlovento, mi cerebro una baliza en altamar sin olvidar mis espigones
arrecian a veces ciertas fumarolas con un temporal de caóticas palabras, un humo coloquial que se espesa, sentidos que se prenden
la fuerza de mis vientos rasean el mar, dan salida a minutos sin dique de contención, parece chispear la baliza en la punta de algún muelle extraño, se me aficionan los números a juguetear por arrecifes, una presencia de mí en blanca playa (permanecen allí mis huellas)
las fumarolas son sustancia isleña, una soledad incompartible, el designio del más poderoso viento, una invisibilidad acompañante. Me arrastra el polvo suspenso en la llamada de ignota procedencia
aplican los términos sus tópicos del día a día, sube la temperatura en las condiciones apropiadas
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