miércoles, 21 de enero de 2026

Solo Piano. Philip Glass

1

cambias tus acordes con el tono recibido, sirves la melodía en la reiteración justa, viejo esquema tan obstinado como tu espíritu. Te asisten lejanas estructuras que no se cansan de provocar en tí una hipnótica curiosidad 

2

te abres tema a la mañana con los últimos compases de la noche, la luz varías con estelar cadencia, y diferencias los ritmos que radican en el amanecer. Te has acostumbrado a la inconsistencia melódica del sueño, las imágenes que a la vigilia se te esconden. Las notas, aún lejanas, filtran tus expectativas y das forma a tus receptores: se percatan las viejas estructuras del momento con primeriza ilusión, ves la cuesta en la montaña, reconoces su siempre, vuelves a ella. A duras penas consigues redondear tus mentales conjugaciones, arduo minimalismo lingüístico que va cobrando formas

3

te gana el ritmo tu respeto desde su primeriza estructura, estás en ella, ese pulso grave que marca tus transiciones cotidianas, que va conectando secciones de tí, las piezas de una serie infinita. Quizás oigas la melodía, una bruma con terrosa voz de fondo construyendo armónicos bucles

4

sigo tus pies de vítreas letras tintineando como volátiles pianos, en cantos nada convencionales me asimilan, no hay un sentido preciso. En estrofas me tomas sin estribillos, la bondadosa energía que hace martillear a mis dedos sobre la piel del mundo atacando obra

5

son mis metamorfosis arena de sílice al fuego que el aire transforma en frágiles estructuras, un círculo a merced de las variaciones, un armazón con sus cortes donde a veces tañe una campana, nota breve en este agujero blanco estacionario, liviana repetición de un eco primordial sin núcleo definido

Coda

en el alud de palabras me abalanzo con todos mis órganos, imprecisas versiones de mí mismo, densas partituras resonando en la confusión, reverberando en mi entorno con artístico concierto

1

cambio de acordes...

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