me explicas según la polaridad de tus casquetes mentales, según estás ártica o antártica en ese momento, aceleras y deceleras funcionalmente en una dualidad extrema sin dejar de ser, y no hay error
circulas en tu realidad con atmosférica organización, se templan tus células con el aire predominante, miras a izquierda y derecha, padre y madre, todo el árbol en un hermoso anticiclón
elevan tus kilómetros la superficie que pisas, reciben tus rozagantes alisios tal primera vez
mi particular manual de climatología anímica me da normas de circulación diarias, me sitúa en el mundo de los duales donde todo se polariza, me da los supuestos de aceleración y deceleración alrededor de los puntos de presión, los componentes de esa realidad, mi Yo sentado ayer leyendo el libro de los cambios, su texto evanescente
soy mayoritariamente frío, soplo seco entre los polos, una zona de baja presión donde todo converge, una latitud ubicua entre los hemisferios. En ese flujo las diferencias se desvían en un plácido movimiento mental, vertical y horizontal se confunden, parecen elevarse las células de todo lo terrestre. Tengo aquí lugar, una transhemisférica comprensión donde todo me espera, la información útil para mi próxima función, la circulación del planeta y sus constantes, la causa de cada fenómeno mencionada. Y rujo. Quisiera conocerte. Acércame tus mares del sur, éntrame tus vientos en permanente despedida, curioséame hasta recrearme terráqueo con tus datos actualizados. Aplican las horas sus filtros de altura, la corrientes de mis partículas, me explican
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