se va tallando mi piedra de un jamás que mueve a los hombres, una llamada sin medidas, una estima constante sin abandonar mi cantera. Ahí se mantiene plantada, sólo varía el ángulo con que la miro, tan lejos de su lugar de extracción
mi aspecto lítico es roca metamórfica que ígnea acaba compactándose, y a la erosión se ofrece por adquirir relieve entre lo circundante
soy isla piedra donde habitaron colosos de pesos desmedidos, los cimientos de tu mundo, un monte templo
conoce tu naturaleza la tierra que pisas, augusta amada que yaces monte y macizo saliente, roca helada que en las noches brillas, territorio de árboles que vencen eones. Cerca de casa reinan los campos, la ruina de un castillo sobre anciana colina
cala mi hembra la arena, una esfinge en cualquier suelo, la funda de todo lo que veo. Cerca, la piedra humilde que los reyes desecharon, rincones de piedra mítica, indestructible, peñones que la lluvia limpia
tengo un menhir en el pecho que el rayo partió, arcana división que lo esparció en fragmentos, un dolor sin longitud ni latitud, el peso de mi propia gravedad. Expongo a veces piezas sueltas en mausoleos internos, las cubro de doradas cúpulas, levanto incluso obeliscos conmemorativos que cubro de símbolos, o dinteles de supuestas puertas de escape hacia alguna Arcadia mítica. Y me guardo en mi lítica esfera
dame tu pan de azúcar, dibújame mi línea costera más allá del mundo, sus peñones y cerros perdiéndose en la niebla, las rocosas torres que la garganta eructa desde mi cuello de botella, las montañas impronunciables, inquebrantables. Dame acceso a tu corte de piedras preciosas, tus parques de monumental naturaleza donde el encantamiento de los sentidos me adormece, llanuras de orégano puro del que inhalar mi propio trance oracular
en un foro de monolitos de veteado mármol escucho el esculpir del tiempo, me ubican entre antiguas creencias que me descubren estados sensoriales distintos, una antropología diversa
puedo ser un sí-mismo hecho estatua encontrada entre sacras historias del pasado, estela de olvidadas civilizaciones con zoomorfas representaciones divinizadas, la muerte decorada
puedo ser obelisco reerigido en mi interior con extraños alfabetos aunando los pedazos rotos de mi corazón, recomponiendo los tiempos de mi propia ficción vital con poética verosimilitud aún si las cifras no cuadran
mis esferas son conjuntos asociados de constelaciones familiares, el reflejo de astronómicos eventos. Luz me desplazan en pacífica inclusividad. E investigan esta omnipresente ubicuidad de mi espíritu
se tallan mis piedras de un jamás muy humano, acaba mis obeliscos desde una cantera infinita, siendo su aparente separación mi lecho de rocas
he cambiado mis menhires por dólmenes milenarios, pequeños edificios que ofrendo a las constelaciones
mi antropogenia me oculta las piedras más antiguas, sus pedestales de granito enterrados en marítimo subconsciente colectivo, mis caballeros de bronce transportándolas a lugares santos, las espirituales toneladas del tiempo
soy elemento arquitectónico de un edificio inacabado, columna, dintel, frontispicio...varío mi función y sus lenguajes, del hormigón armado al ladrillo, o al rocoso bloque. Y voy tallando mi piedra
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