miércoles, 22 de abril de 2026

Days of us. Tom Misch LIBRO YLÍRICO

un más en las veces sintiendo naturaleza como música ajena al ruido, aún encauzando su caos, una pretensión que surge como necesidad, una intimidad de eminente madurez, un recurso que no teme lo absoluto. Muestra mi vulnerabilidad a los hechos, hasta convertirla en fortaleza, cercana, cómplice oyente al alcance de nadie

puede conocerte la incertidumbre, te va a hablar con múltiples texturas, aún si te aficionas a alguna en concreto, música como maná de pacientes cielos, su tiempo largo: esperas. Ella cataliza tus necesidades hasta converger en lo que te convence haciendo de lo extraño algo propio. Ella encuentra tus repentinas epifanías: estabas preparado

la sutilidad es un toque de voz amable, sigue ahí impenitente transcurriendo con su tono especial, su vuelo humilde, tan persuasivo. Escapas a veces a su influjo cuando hallas fisura, cuando se enrojece la luna en noches lentas. Pero aún se brinda pegada a tí

el giro es constante con sus hitos geográficos, aquella amabilidad que agradecido celebras:  merecen tus nombres más sorprendentes aún si los pones en cuarentena durante algún tiempo. Y sitúas la sencillez en otro espacio, la tesitura de reconocerte a tí mismo, sentir que sabes que eres. Y hasta tienes

es lo que es igual a tí, ni mejor ni peor, preciosa sinceridad que con todo te hermana, una desnudez luminosa correteando delante de tí, exótica a veces, incendiaria otras, resiliente psique que ya no teme al sueño, una colaboración que cierra círculos, un perfecto cruce que deshace caminos y te devuelve al origen con absoluta inexactitud, la sensación. Humano y sublime, la más adictiva de las realidades, te lleva donde no hay caminos, donde decidiste echar a andar. Recorres lo que elegiste. Y cantas la nostalgia de ese punto de partida, vas colmando sus expectativas contradicción tras contradicción, desilusión tras desilusión de una plenitud que crees perder. Buscas pequeñas satisfacciones que la mitiguen, el 'ansia viva' que decía un maestro

todo se hizo pentagrama en mano en un constante intento de reinvención, una muda sin libro de instrucciones, tan poco familiar al inicio, una jardinería muy particular con sus vías alternativas. donde la música siempre te encuentra hermanando sus linajes. Te dedica el siempre sus canciones durante el viaje, a tí acuden en la medida que existes

los frutos de esa jardinería no se suelen explicitar, completan su forma circular sin apenas percibirlo, llegan en el tiempo sin mapa que consultar, insólitos a veces, una talentosa respuesta a plegarias ancestrales que rebasan tus objetivos. Hacen su música sin pensar, se dejan ser

acepta el también propuestas, esporádicas colaboraciones por encontrar aciertos compositivos, ideas que mágicas germinen de forma sólida. Ahí se unen pretéritos y futuros, leyenda y ciencia totémicas inspirando a otros organismos con sencilla luminosidad como música ajena al ruido

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