mi parte más plástica fantasea amorosa con la última entrega, se alivia en la almohada con una sonrisa tras los procesos ya vividos. Cierra el cuerpo, se atempera asegurándose perpetuidad a pesar de los impactos, se da el espacio para desinvolucrarse
vienen algunos meses subiendo el monte conmigo, pretenden coronarse en este festival de la primavera haciendo olvidar el verano aquel. Se desatan sin perder un ápice de frescura, descubren incluso vetas interiores por donde dejarse llevar, por donde experimentar autenticidad. Precisa su templanza una específica realidad donde plasmarse con claridad. Y transcurren los meses al ritmo establecido, se han parado los conejos blancos, han dejado de buscar. Se afianzan mis pasos
sobrevuelan menciones elementales cogidas con imperdibles a mi abrigo, traen alguna consigna práctica con la que conformar mi tiempo, el que te descubre qué hacer sin exigencias, sin crear excesivas molestias, qué saber que no sea redundante, qué hablar de forma creativa por un anhelo de inmortalidad siempre vigente. Son como amorosos voluntarios enviados de algún monstruoso lugar. Y echan a correr la blancura de los conejos sin precisar realidad alguna en un corte surreal
es ilusión este viaje embrionario tras de la utopía aceptada, vida en pos de objetivos que se creen temporalmente auténticos, inspiran nuestras piezas, los instrumentos necesarios para nuevos amaneceres, conllevan su propia maldición. Ciertas sonoridades traen paraíso, la blanca alucinación, la escucha más calma en el país de las maravillas: no requiere más que aire. Ciertos sonidos son escalofríos indescifrables que despiertan tu curiosidad, abren tus brazos a la orilla del río, tu sueño, el viaje, una ilusión hermosa al menos, aún si al primer paso tropiezas comprometiendo el cuerpo: es mente. La alimentas de otras cabezas que reduces en cuestión de minutos, dudan los conejos de echar a correr, se arrepienten en cualquier caso. Concluye esa aparente magia, te ha purificado con su ácido tempo
se agrupan mis hijos predilectos en presencias míticas con sus dorados principios, me cuentan la génesis de ancestrales personajes, me dan las imágenes asociadas que ya siempre me sobrevolarán, la estilizada voz de sus pesares en la historia de las rocas hasta alcanzar la categoría de estrellas, sus roles interiorizados plasmándose en rostros cercanos, vecinas voces
tengo millas en mi cuerpo de rocosos segundos, de huesos recorridos por antiguas predicciones que nunca se cumplieron. Aún tengo los incendios de mi piromanía mental con su sonora literalidad, con sus coros en línea esperando un despertar que anule esa búsqueda, la huída constante. No son ajenas a las grandes melodías que invaden el cosmos, esa trampilla sin masa que no me requiere, el sueño más real
reposo a veces sobre mis cojines más surrealistas en la gracia de la escucha, notan la presencia de la vida imaginaria en su sencillez, los círculos concéntricos para una nueva imprimación: un piano quizás, letras dispersas, el trazo de exquisitos cadáveres. Va adquiriendo peso, tratan mis hombros de equilibrarlo con la mayor ecuanimidad posible, tan subjetiva, repasan las Historias una vez más
cómo no entusiasmarse con la inconsciente tentación de las formas, eres parte de lo que ahí ocurre, giras en las pistas concéntricas con cada melodía que con brazos abiertos recibes, tu sensibilidad despierta en ese querer vivir. Luego, la soledad realza la belleza, la refuerza con la textura apropiada
no explica el entendimiento la exquisitez de tus colores, si acaso gotas de lluvia por el pentagrama surreal dando crédito a mis sentidos, que parten ahora a componer su juego de equilibrios en esa infinitud. Hay canciones grupales que trabajan lo colectivo desarrollando su magia transformadora, haciendo palpables sus anhelos con todo lujo de detalles. Va su Historia sacando a la luz sus verdades con una pátina de heroísmo
la gracia en mi surrealista almohada son los ojos en las plumas de un pavo real, una diversidad querida en la que falta nada, notables guías de composición que toleran los espacios en blanco en el mapa cerebral de todo un cosmos. Apunta a la perfección desde la imperfección, una inseguridad capaz de sorpresivos logros bajo la crítica constante. Se refuerzan y aplacan contrarios para comandar nuevas génesis en perpetuo movimiento. Jugamos con nombres y cifras, grupales en las naves que llenamos y vaciamos por ir haciendo viaje, travesías de las que ser partícipes. Seguimos siendo
hay canciones pegajosas hasta la insensibilidad, difícil despertar, difícil volver a volar, entrar en fase embrionaria donde remezclar sonidos, voces indicadoras sobre la faz de la tierra, redirigir el andar de cada especie, fantasear amoroso con la primera entrega
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