sábado, 25 de junio de 2022

El amante de Lady Chatterley

El amante de Lady Chatterley. D.H.Lawrence


  está lleno tu cuerpo de menciones mundanas, de historias desmoronándose en el continuo parloteo, de tus conocidos esmerándose por construir su herencia 

das tus veces a sabiendas de su imposibilidad, clásicos asientos literarios del jamás donde sufrirte a ti mismo, donde leerte con claridad. Se acerca tu amante invisible como niebla o calor, como hiriente frío o bendita lluvia al apartarte del mundo, dos tordos posándose en cercana rama tal se unen tus escindidos hemisferios en lapsus. Y todo se te perdona en esa comunión. Sueles listar tus logros menudos, no así los reflejos de eternidad, las pequeñas grietas de la vigilia que se te llevan el aire, un final anunciado contra el que te rebelas. Y narras historias a tu magmática amante, tu lluvia, la misma lluvia que os depuso, tu punto de partida 

es la única certeza, ese punto de desequilibrio a tu eléctrica biopolaridad, alterna, continua, a tu eje axial desflorándose hasta su elemental esqueleto que ahora a pincel embelleces, tu amorosa lengua besándome el alma tan cierto como tu ecuación más hermosa. Y no me cuestionas, vas cambiando mi mirada, va desestructurando mundo, desclasificando formas, va siendo su propio fin. Ya no me pide  constancia, ni herencia, ni el fue ni el será que haya época de calmo saber, agraciada altura sin mortal estocada 

quizás releas tus deseos como lucha que con rostro y nombre personificas, el alimento de tus tensiones, tu animal amante en ilusorio espejo, eficiente visión que fue, tu protagonista elegido o fruto con aspecto de tierra, de piedra, de materno paisaje, de palabra verdadera, de fórmula definitiva, de amigo, de amante, de animal, de avatar, de maestro interiorizado... Está cambiando tu percepción, parto de cambiante mundo que vas dejando atrás, abajo, a un lado, en lugar alguno. En comienzo te vas convirtiendo, tiempo liberado de ti: no te incorporas ya al flujo de los infinitos pensamientos entrechocando entre sí en su ardua evolución. Mercadeas ahora con tu sonrisa afable transformando el miedo en pétalo, dando a tu generosa madre, dura tierra, tu irascible pulsión que siembre jardines, la savia de eterno árbol, vida. La constancia es un flujo del tiempo por el que devienes, un intelecto desconocido, una educación que te piensa, un ser de alas desplegadas como universo: tu hogar aquí, ahora 

acabó tu guerra, querido amante, se ejerce tu baronía desde solitario balcón, desde mirador de estrellas; señorial vive con tus secuelas como metralla psicológica casado con el tiempo. Perder para aprender, dicen, siendo la vida renuncia, pérdida, perpetuo aprendizaje y asombro hasta reírte, abrupto, acelerado, lento hasta la paralización. Se empareja tu movilidad con tu percepción del tiempo, solariega ella, arriba, o abajo donde se bloquea la motricidad. Escribe ese sol su más entregado poema, quietos tus pies en la no necesidad, releyeron quizás sus juveniles deseos desde el costado, quizás desde los acantilados más hermosos. Habla de sus hijos en los bosques, de sus amantes sin título

llega mi amante infinita circular sin censura, al oído susurra su  relato de esencias con obscena claridad, procaz me ofrece su literario deseo sin fin, fogosa dictadura creativa que con todo arrambla. Su obra de ti lee, vampírica colecciona tus fantasías, ilustra tu ojo interno con sublimes construcciones cuidando de tu voz, y de cualquier hecho intrascendente te aleja. Iría contigo hasta el amor primero sin más razón que tu propia física elemental 

 lee el árbol en mis ojos el ahora con potencia escandalosa, sus hojas me ofrenda parlanchinas

 duda la razón de su razón anterior, incluye listados comprendidos por los siglos de los siglos, retorcidas polémicas que ya cayeron como pétalos estacionales, asombros marchitos allende toda prohibición. Queda este reino mediatizado por juicios cuya chispa ya no prende 

 quisiste conservar aquella petición imposible como vital expediente, tu propia censura, borrosa escritura ahora que un arcoiris vela en este reino de la futil alegría, realidad estirada sobre un círculo que se expande, se contrae, vuelve a expandirse, un pensamiento más, un exoplaneta más cubierto de libertario azul sin censura

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