va sobreviviendo aquel arbolito que planté extinción tras extinción, aquel corazón indígena que flechaba en pradera y selva su propia subsistencia con sagrada devoción, aquel saber que impregnaba todo cuerpo de savia cósmica, aquellos círculos de inmaculados troncos cuyas copas se encienden ahora ante mis ojos
te dan tus números el dogma tal te lo daba la visión que el poder deforma, hiperbólica mancillación del conocimiento sin mediación, sin fruto amargo, el nombre científico de cada muerte, un árbol familiar creciendo en tu córtex sobre arenoso suelo, salina tierra
se piensa la forma accidente evitable, indeseada quema del árbol por depurar la idea, un humo causal que no irrite la mucosa productiva aún si los ojos lloran de ceguera tal
me conoces tras la forma, fue tu ingesta futuro fruto, una pequeña muerte del quién, la toma no registrada de total incertidumbre
salió el reptil de paseo alimentándose de tu ingenio, del mar surgió por transportar tu idea, y alcanzó notable altura, rectilínea, curva, elíptica distribuyendo entre los diferentes árboles sus rarezas, adoptando nuevas formas a cada tronco, a cada número nuevo, a cada rama engrosando su córtex, a cada quiebro cambiando de color, globosa copa aquí, triangular allá para copiosa nieve. Era la lluvia dulce, seducción sabrosa y temible, el honor que sobre mí recayó, el frutal veneno que se expresa
sólo el roce entre luciérnagas da la intensidad lumínica, y quema la piel en porciones de tiempo, provoca inmanencia cerrando gargantas, el ardor de un espíritu encendido desintegrándose sin más causa que pasión, filtrando su veneno a tus ganglios linfáticos que en el mar acaban
sin tocar, sin ver, una elección y sus efectos, un polen invisible a pesar del miedo
tu causa principia letales lazos, da sustancia a mentales toxinas, dañinos contenidos de quirúrgica precisión, orgánicas promociones de un tiempo que no es el tuyo, una carcinogénica utilidad de las horas fabricando modelos matemáticos
y me cuentas instrumentales pasados por atarme a un victimario histórico, quemas presente, savia y corteza frescas aún si la lluvia dulce. Lechosa bilis segregas corroyendo la piel de mis hojas, de mis flores, de mi rozagante fruta. Azota el viento el rostro llevándose tu miedo, savia fresca, promesa antigua
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