lunes, 1 de diciembre de 2025

Sinfonía n.7. Anton Bruckner CONFONÍA (2)

y son los árboles que me rodean los guardianes de mi paz resiliente, su constante sinfonía una progresión armónica que quiebra despertando al entero cosmos, un monumento a la memoria ancestral. Me completan en perpetua asistencia, en el tiempo me representan, un encuentro sin muerte

se llena mi panteón de compositores ocupando su lugar único, y no hay enigma: amplían conocimiento en composiciones de épocas, poemas que heredarás bajo cualquier forma como una infusión despreocupada de modas, la más romántica de las literaturas. Te reconocerás en tu más ideal aspecto con absoluta pureza, aquel encuentro sin muerte con la arquitectónica música del universo, la suprema ironía de la vida, tu historia. Esa audición no tiene edad, iniciaste el camino interior desde el origen con innovador maestro que en la quiebra  armónica despertara, la clave tu libertad

tus movimientos contienen temas que el tiempo escuchará, abren veces en silenciosas díadas por donde surgen los temas que desarrollas, sostenidos, secuenciales, sin coda definida Aparecen tus instrumentos, contrastantes en su dedicada elaboración trabajando el movimiento hasta su muerte

corre el momento su eternidad sin teoría alguna, catedralicio te consigue un puesto luminoso en su camino de intensidades, el riguroso curso de tus aprendizajes. Con los nombres te corresponde como forma de tutela, te hará experto en sus contrapuntos, la armonía de sus más dispares voces. Al darle edad sentirás la experiencia como orquestada forma en el teatro de la luz, una reveladora interpretación indemostrable, aparente quiebra armónica en la progresión de tu genio particular: el maestro te encontró

alivian tus juguetones scherzos la dramática atmósfera de tus intensas contradicciones, una comicidad recurrente que compartir, el movimiento como ruptura de esquema, y entre tus vínculos te mueves reforzando tu eterno retorno entre los compases que usas

me compones en conversiones nocturnas, la mañana como consecuencia, encuentros de inmediatez a los que dar significado con mis instrumentos, el magistral hechizo inenarrable. Esa individuación abrumadora se hace silencioso vértigo al que busca, una orquestación en las franjas del tiempo. Al abrir los ojos, los árboles 

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