y son los árboles que me rodean los guardianes de mi paz resiliente, su constante sinfonía una progresión armónica que quiebra despertando al entero cosmos, un monumento a la memoria ancestral. Me completan en perpetua asistencia, en el tiempo me representan, un encuentro sin muerte
tus movimientos contienen temas que el tiempo escuchará, abren veces en silenciosas díadas por donde surgen los temas que desarrollas, sostenidos, secuenciales, sin coda definida Aparecen tus instrumentos, contrastantes en su dedicada elaboración trabajando el movimiento hasta su muerte
corre el momento su eternidad sin teoría alguna, catedralicio te consigue un puesto luminoso en su camino de intensidades, el riguroso curso de tus aprendizajes. Con los nombres te corresponde como forma de tutela, te hará experto en sus contrapuntos, la armonía de sus más dispares voces. Al darle edad sentirás la experiencia como orquestada forma en el teatro de la luz, una reveladora interpretación indemostrable, aparente quiebra armónica en la progresión de tu genio particular: el maestro te encontró
alivian tus juguetones scherzos la dramática atmósfera de tus intensas contradicciones, una comicidad recurrente que compartir, el movimiento como ruptura de esquema, y entre tus vínculos te mueves reforzando tu eterno retorno entre los compases que usas
me compones en conversiones nocturnas, la mañana como consecuencia, encuentros de inmediatez a los que dar significado con mis instrumentos, el magistral hechizo inenarrable. Esa individuación abrumadora se hace silencioso vértigo al que busca, una orquestación en las franjas del tiempo. Al abrir los ojos, los árboles
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