acometiste tu programa de abastecimiento vital domiciliando tu aprendizaje, has potabilizado tanta emoción como ha tolerado tu cuerpo, has ensanchado esos pozos de agua turbia en tus inmediaciones hasta su fuente, puro cálculo animal, te estimabas el futuro. Ahí habitas, ese paraje de pozos bien ubicados
con el inicio de mi ensanche se remodelaron mis siglos, abierto portal al derrocamiento de lo antiguo que desplazó mi centro de atención. Costó bendecir esa desubicación, inauguraba mi propio alzamiento sobre nuevos peldaños que una tenue luz iluminara
de esa fuente parte el riego de mis pobladas huertas
hay meses que instalan sus colores con un divino sentido ornamental, reforman su presencia con una clara santidad, me trasladan en el tiempo
un contexto de sabios forja mis motivos, una periódica entrevista que me mantiene en pie
mi desconocida fuente trae sus aguas desde un acuerdo primordial, algo que quizás no estaba previsto en los inicios del tiempo. Varía su canalización de diámetro espiritual, hay momentáneas cesiones a lo trivial, se funden a veces entre sí con una buscada belleza geométrica, lustroso aspecto que cree actualizarse. Hay incluso épocas en que parecen desaparecer posibilitando el juego de las aguas salvajes, un tiempo de iniciativas desesperadas
suelen estar en permanente obra los caminos donde imperan los hechos, el continuo malestar a lomos de un caballo desbocado que de sutilezas adolece, la reinante enfermedad que espesa las causas, los paseos de la fama por las campiñas del ego, lugares de flameante preferencia que secan fuente
has marcado etapas en tu aprovisionamiento de emociones, atravesado seres rocosos reclamando su agua oculta, solicitado el barro con que reconstruirte desde el suelo. Tus acueductos de nervios y fibras han ensanchado tu arbóreo tronco desde creativos manantiales, has rozado con su piedra. Llega el tiempo con sus tuberías, que bendices
me emplazas en la ciudad de los números y las letras, me tiendes estrategias de desarrollo desde remota antigüedad, he cruzado mis fructíferas huertas del alma con las pertinentes acequias que mueven mi corazón y su discursivo molino. Discurren por ellas los seres atemporales, los siglos que van a parar a la mar. Son causa de lo innumerable propagándose
como de tí erigida en mi interior sin coraza, de tí me aprovisiono con doméstica fruición, de tu primaria inocencia soterrada en mi suelo, y fabrico una imagen consistente
vago recuerdo de tu manantial uso urbanita entre mis congéneres, una provisión que cargo de sentido con personal estética, y caso épocas surtíendolas desde mis propios pozos, caso posibilidades entre el dulzor y la amargura, he sido rey de mi propia historia, y reina de esa fricción. Sí, estoy unido a tí en una inmediatez atemporal, se me hace aliento a veces tu cercanía, rige mi energía, abre la palma de mis manos, hace florecer mis extremidades, permite curar mis heridas, limpiar la plata de mis sienes blanqueando mis errores con las prendas del silencio. Tu manantial posee las reglas del oro. Sí, nos abastece
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