martes, 26 de mayo de 2026

Die Toteninsel (La isla de los muertos). Arnold Böcklin

   I

me animo a dar ánimo en esta isla de las ánimas, hago santuario en cualquier rincón arbóreo para los fantasmas lacrimosos, les hago de forestal mayordomo y observo. Se conducen con cuidado hacia lugares que ignoro. Son viajeros sin fin que muestran señales pictóricas en la escena con variados matices, su aventura es cíclica naturaleza que no alcanzo a comprender, pero me da cejilla para una filosofía simbólica, mis juguetes 

   II

creo multiplicidad desde un cuadro inicial, versiono desde una remota representación sin figuras, una cegadora blancura que cruza la materia de inimaginable extensión, y surge el agua en todas direcciones creando rocosas islas. Me acompañan inidentificables objetos que serán figuras poblando esas islas. Ellas se encargan de su propia mitología conduciéndolas por esos mundos. Pierden el blanco sus pasajeros en el tránsito vital

   III

cuentan las imágenes los cipreses semejando una narración coherente donde dice más el silencio, protagonizan los parajes un tiempo intencionado, su verbo el desarrollo afinándose a cada compromiso, dejando altares de sapiencia que algún arqueólogo desenterrará llenos de inconfundibles similitudes con él mismo. Actúan las imágenes con claridad, secuencias en transcursos que se tornarán sepulcro. Excavaremos la piedra. Surge a veces la garza señalando el lugar, sólo admite al niño interior, capaz de crear el escenario y darle vida

   IV
no explica significados el nunca, explican los hechos significados poniendo incluso títulos a sus obras, los tratan artísticamente. Y hago versiones, actualizo mis encuentros como creación que florece con ayuda del tiempo, una petición regia, un mandato verbal más allá del sueño, un casamiento con madre muerte. Otras versiones retoman lo destruído como forma de existencia, la obra que atrae tu atención al punto obsesión. Y reproduces

  V

genera cada pintura artistas que ilustrarán sus islas, arquitectónicas inspiraciones, letales creaciones con su propia música, tan romántica. Componen poemas sinfónicos de oscuras ondas agrupándose, una exposición colectiva, las fantasías de intelectuales eremitas jugando con el tiempo. Se ponen allí a escribir los pianos con su espiritual instinto, filosofan incluso ante los atentos ojos de las aves, rellenan vacíos literarios con nuevos antagonistas, el viejo mito novelado, los espectros y su primordial sonata en esta isla de las ánimas. Cuentan las imágenes los cipreses cantil en mano 

No hay comentarios:

Publicar un comentario